Por Mg. Lucas J. Fullana
El domingo 31 de mayo tuvieron lugar las elecciones presidenciales de Colombia. Con el 100% de las mesas escrutadas, ninguno de los candidatos superó el 50% de los votos necesarios para consagrarse en primera vuelta, lo que determina la celebración de una segunda vuelta el próximo 21 de junio. El resultado sorprendió al ubicar en el primer lugar al abogado y empresario Abelardo De la Espriella, quien obtuvo el 43,74% de los votos —10.361.499 sufragios— y desbordó las expectativas que le otorgaban las encuestas. El candidato del oficialismo, el senador Iván Cepeda, quedó segundo con el 40,9% de los votos —9.688.361 sufragios—. Ambos protagonizarán el balotaje que definirá quién sucederá a Gustavo Petro en la Casa de Nariño, para el período 2026-2030.
¿Cómo funciona el sistema electoral colombiano?
Colombia elige a su presidente y vicepresidente mediante un sistema de doble vuelta. Para ganar en primera vuelta, un candidato debe obtener más del 50% de los votos válidos. Si ninguno alcanza ese umbral, los dos candidatos más votados se enfrentan en una segunda vuelta tres semanas después, en la que gana quien obtenga la mayoría simple. El organismo encargado de administrar y certificar el proceso es la Registraduría Nacional del Estado Civil. El mandato presidencial es de cuatro años, sin posibilidad de reelección inmediata.
Los principales candidatos
El escenario previo a la elección estaba dominado por Iván Cepeda, el candidato del Pacto Histórico, la coalición de izquierda que llevó al actual presidente Petro al poder en 2022. Cepeda, de 63 años, es filósofo y tiene una extensa trayectoria en el progresismo colombiano: fue representante a la Cámara y senador en tres oportunidades, siendo reelecto en 2022 como parte de la lista del Pacto Histórico. Su historia personal está marcada por la violencia política: su padre, Manuel Cepeda Vargas, fue congresista de la Unión Patriótica y fue asesinado en 1994, crimen que en 2023 la Corte Interamericana de Derechos Humanos reconoció como parte de un exterminio político sistemático. Cepeda fue, además, facilitador en el proceso de paz entre el gobierno de Juan Manuel Santos y las FARC (Fuerzas Armas Revolucionarias de Colombia), y participó en los diálogos con el ELN (Ejército de Liberación Nacional), en el marco de la política de “paz total” de Petro. Su programa de gobierno, titulado “El poder de la verdad”, propone dar continuidad y profundizar las reformas del gobierno saliente.
Del otro lado, Abelardo De la Espriella representó el polo opuesto del espectro ideológico. De 47 años, abogado penalista y empresario, construyó su figura pública a partir de la representación de casos de alto impacto mediático. Fundó su propio movimiento político, Defensores de la Patria, y se presentó como un outsider del sistema, con un discurso centrado en seguridad, reducción del Estado y combate frontal a la izquierda. En varias oportunidades se describió como admirador del expresidente Álvaro Uribe y trazó paralelos con figuras como Nayib Bukele y Javier Milei. Su candidatura desplazó a la candidata del partido uribista Centro Democrático, Paloma Valencia, quien finalmente quedó tercera con el 6,92% de los votos.
El fin de mandato de Petro y su candidato
Gustavo Petro asumió en agosto de 2022 como el primer presidente de izquierda de la historia de Colombia. La Constitución le impide aspirar a la reelección, pero su figura dominó la campaña electoral, convirtiendo a las presidenciales en una suerte de plebiscito sobre su gestión. El cierre de su mandato presenta un panorama contradictorio según la fuente: mientras algunas encuestas le otorgaban una imagen positiva inusualmente alta para un presidente saliente —cercana al 49% según el Centro Nacional de Consultoría—, otras mediciones, como la de CB Global Data de mayo de 2026, registraron casi un 60% de insatisfacción con su gestión. Lo que la mayoría de los estudios coincide en señalar es que la imagen de Petro mejoró notablemente durante 2026 respecto a los niveles de fines de 2025, cuando la aprobación rondaba el 38%.
Entre los factores que explican ese rebote se destacan dos: su rol en la negociación con la administración Trump en febrero pasado, que evitó tensiones comerciales severas para Colombia, y el aumento del salario mínimo, decretado el 29 de diciembre de 2025, del 22,7% —el mayor salto nominal desde 1997—, que llevó el ingreso mínimo total a dos millones de pesos, incluyendo el subsidio de transporte. La medida fue leída por la oposición como un cálculo electoral, pero su impacto en la imagen presidencial resulta difícil de negar. En cualquier caso, la suerte de Cepeda aparece ligada a esa popularidad y la primera vuelta confirmó que el Pacto Histórico sigue teniendo una base electoral sólida, aunque insuficiente para imponerse sin balotaje.
De la Espriella: un outsider que ya no es sorpresa.
Hasta horas antes del cierre de las urnas, las encuestas mostraban a Cepeda como el favorito, con posibilidades incluso de ganar en primera vuelta. El conteo final invirtió esas proyecciones: De la Espriella obtuvo 10.361.499 votos —43,74%— contra 9.656.799 de Cepeda —40,9%—, una diferencia de casi tres puntos que resultó determinante. Ambos superaron, en términos absolutos, la votación que Petro había obtenido en la primera vuelta de 2022, lo que ilustra la polarización y la alta participación de la jornada. El dato de De la Espriella se explica, en parte, por su capacidad de concentrar el voto opositor por encima del uribismo tradicional, desplazando a Paloma Valencia a un distante tercer lugar. Según analistas, el ascenso de una nueva derecha de perfil outsider, con referencias al modelo Bukele, logró atraer a sectores que antes se identificaban con el Centro Democrático.
¿Cómo sigue el proceso?
El 21 de junio próximo tendrá lugar la segunda vuelta entre De la Espriella y Cepeda. La elección se perfila como una polarización extrema entre dos proyectos políticos opuestos: la continuidad y profundización del petrismo, por un lado, y el quiebre con ese ciclo desde una derecha que se reclama rupturista, por el otro. El reparto de votos del tercer lugar en adelante será clave: Paloma Valencia ya anticipó que tomará posición antes de la segunda vuelta, y sus apoyos —alrededor del 7% de los votos— podrían inclinar la balanza. El presidente electo asumirá el 7 de agosto de 2026, para un mandato que se extenderá hasta 2030.

